Asia está ganando la carrera por la transformación digital

 

  • Las economías emergentes de Asia están adoptando la revolución digital.

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Desde Filipinas hasta Indonesia, países en vías de desarrollo de toda la región se están subiendo al tren digital más rápido de lo esperado dados sus niveles de ingreso relativamente bajos, según un nuevo informe de Deloitte.

Es un cambio importante para las autoridades económicas. Gobiernos, empresas y consumidores están utilizando tecnologías digitales para superar obstáculos al desarrollo. En India —que ya tiene más usuarios de Facebook que Estados Unidos— las transacciones digitales aumentaron 59% entre diciembre del año pasado (el mes posterior al anuncio de un plan de desmonetización del Gobierno) y marzo, afirmó Deloitte.

En Indonesia, hay 1,3 celulares per cápita y la mayoría de los usuarios de Internet prefiere acceder por dispositivos móviles, un buen augurio para la conectividad entre los servicios del Gobierno y la población general. Además, Indonesia tiene más usuarios de Twitter que el Reino Unido, muestran estimativas de Deloitte.

“Asia se transformó en el centro de crecimiento económico del mundo y al adoptar lo digital, seguirá encabezando el crecimiento económico global durante el próximo decenio”, dijo Deloitte.

Asia - Lider Redes Sociales Digitales

Las áreas de negocio, infraestructura digital y de consumidores son las que tienen más probabilidades de beneficiarse de las tecnologías digitales. A medida que la región se desarrolla, el mundo digital tendrá un mayor impacto en las economías centradas en la provisión de servicios en relación con las economías de uso intensivo de recursos.

  • Para las empresas, lo digital puede fomentar el comercio en la región al ayudar a las empresas, en particular a las pequeñas empresas, a acceder a los mercados mundiales. En las economías desarrolladas como China o Malasia, el uso de mercados en línea, como las plataformas ofrecidas por Taobao, Rakuten, eBay y Alibaba, han abierto nuevos mercados para las empresas locales y han sido una bendición para muchas pequeñas empresas.
  • Para los consumidores, lo digital puede ofrecer oportunidades en términos de conectividad, movilidad y redes sociales. India está liderando el camino con el mayor número de usuarios de Facebook en el mundo (195 millones en mayo de 2016) y el comercio electrónico también se está expandiendo, con China ahora siendo el mayor mercado de comercio electrónico del mundo. En todos los países, el potencial para aprovechar la participación de los consumidores es alto.
  • Para el gobierno, lo digital ayuda en el desarrollo de la infraestructura pública, particularmente alrededor de las ciudades inteligentes, que pueden ayudar a superar los obstáculos del desarrollo de la infraestructura. Las iniciativas gubernamentales digitales también pueden ayudar a mejorar la eficiencia, la transparencia y la inclusión del gobierno. Países como Singapur y Corea del Sur son líderes mundiales. Sus gobiernos continúan explorando activamente cómo abrazar las últimas olas de avances tecnológicos para permanecer en la vanguardia.

Sitao Xu, economista jefe de Deloitte China comentó, “la tecnología digital tiene un papel que desempeñar en ayudar a las empresas, en particular a las pequeñas empresas, mejorando su capacidad de competir con los actores dominantes en el mercado. Un mercado más competitivo es beneficioso para los consumidores, que tendrán más opciones de productos y servicios. Plataformas digitales como Alibaba, Taobao y eBay apoyan a las PYMEs para enfrentar los desafíos que surgen de sus desventajas de escala. Esto lo vemos en el comercio electrónico que se está desarrollando en China, donde existe una creciente competencia entre las tiendas físicas y los minoristas en línea como resultado de sistemas de pago más sofisticados y redes logísticas bien conectadas”.

Hoy China tiene el mercado de comercio electrónico más grande del mundo, y Singapur y otros países asiáticos vienen ganando terreno en la competencia global para atraer y desarrollar talentos empresariales en plena campaña por construir centros de alta tecnología.

El potencial de crecimiento sigue siendo importante en varias industrias de países más pobres, observa Deloitte. En Indonesia, menos de una de cada 10 pequeñas empresas afirma tener capacidades online avanzadas y el 73% no está conectada a Internet o tiene capacidades online muy básicas.

Por otro lado, Filipinas, India e Indonesia aún presentan algunas de las tasas de penetración de la banca digital más bajas de Asia. Y en el otro extremo Corea del Sur tiene la Internet móvil mas rápida del mundo.

Fuente: Infonews

Blockchain: La nueva fiebre del oro de la banca

La investigación práctica en torno a la tecnología Blockchain se ha convertido en una auténtica carrera de fondo en el ecosistema bancario, aunque ni la dirección ni la línea de meta están definidas. Los diferentes actores involucrados corren —de manera “coopetitiva” en muchos casos— para llegar a ser los primeros en algo que en realidad aún está por descubrirse; y es que el desarrollo de esta compleja tecnología es aún incipiente. Prueba de ello es que no es nada fácil encontrar casos de uso reales más allá de los originarios con el Bitcoin y, las posturas más realistas, estiman que aún pasará un lustro para verlas.

Mientras tanto, son miles los proyectos en incubación y experimentación en curso sobre la cadena de bloques en diversidad de segmentos financieros: pagos y transferencias, compensación y liquidación, identidad digital, contratos inteligentes, registros de propiedad, criptomonedas, fraude, financiación… No en vano, cada semana conocemos nuevas iniciativas de las entidades financieras en el marco de esta fiebre del oro de la blockchain.

Recientemente, el consorcio blockchain R3 realizó con éxito una prueba de concepto para préstamos sindicados. Combinando tecnología de contratos inteligentes y procesos de negocio, el sistema puede dar a los inversores acceso directo a un sistema de registro de datos de préstamos sindicados, lo que genera ahorros inmediatos ya que reduce las revisiones manuales, la reentrada de datos y la reconciliación de sistemas.

Otra prueba reciente de concepto fue conducida por Emirates NBD y el Banco Central de los Emiratos para probar el funcionamiento de la blockchain para reducir el volumen de cheques fraudulentos. En esta línea, ocho bancos chinos han empezado a volcar esfuerzos en una alianza para investigar formas de lucha contra los fraudes financieros en el país. A comienzos de año, Sberbank, el mayor banco ruso, afirmó que tendrá una blockchain lista para implementar en algo más de dos años.

La lista de ejemplos a nivel mundial puede ser tan amplia como variada y pone de manifiesto que el desarrollo de la blockchain es todavía embrionario. Necesita confianza y solidez. Pero acabará incidiendo positivamente en el sector aumentando la seguridad y la velocidad de las transacciones, junto a otras oportunidades.

En Revolution Banking tendremos la oportunidad de conocer de cerca qué están haciendo entidades como Santander, BBVA y Banco Sabadell respecto a este nuevo reto, que tiene como trasfondo la descentralización y el cambio de la operativa del sector financiero.

Lo que nadie duda es que, por sus fundamentales, la cadena de bloques va a suponer un cambio de paradigma histórico. Según se dice, tendrá más impacto que la llegada del PC en los 80, el internet masivo en los 90 o los datos móviles en los 2000. Técnicamente hablando, representa un salto computacional sin precedentes considerando, además, su convergencia con el Internet de las Cosas y el 5G.

Fuente: Revolutionbanking

El paradigma actual de la publicidad digital en Chile

Los medios online cobran fuerza en el área de marketing de las compañías y se convierten en parte fundamental de la transformación digital

La transformación digital es un proceso transversal para las empresas, y la publicidad es una de las capas que deben trabajar. De esta forma, la inversión en este departamento se ha incrementado de forma constante en el último tiempo a nivel internacional y se espera que, en Estados Unidos, se posicione como el medio publicitario más importante durante el año, incluso por sobre la TV, de acuerdo a la agencia internacional Magna.

Enfoques y estrategias

El gerente general de IAB Chile, Rodrigo Saavedra, explica que en el mundo publicitario existe un consenso en torno a que los formatos existentes (on y off-line) ya no son separables. Así, argumenta que lo digital tiene que ver con una comunicación interactiva y dirigida a segmentos específicos; mientras que la publicidad tradicional (TV, prensa, radio, etc.) se relaciona con una declaración de principios de parte de la marca, que se hace de forma unilateral y masiva.

Las grandes empresas fueron las primeras en reconocer la posibilidad objetiva de hacer publicidad online, incluso en nuestro país, construyendo toda una industria a su alrededor. Y es que este tipo de marketing “obliga a desarrollar múltiples piezas, con códigos diferentes para los distintos medios digitales. Algo que requiere de una gran cantidad de personas para que sea eficiente, así como una actitud de permanencia en la actividad, para que sea efectiva” cuenta Saavedra.

El caso chileno

Tal como en Estados Unidos, a nivel nacional debería haber un crecimiento de lo digital en los próximos años. Se espera que en 2020 alcance a ser más de un quinto (21 %) del gasto total en anuncios de medios en Chile, de acuerdo a estimaciones de eMarketer.

El experto de IAB afirma que este incremento es parte natural de la evolución de la publicidad. Sobre todo, por la “importancia de la omnicanalidad, ya que una empresa puede ocupar distintos mecanismos para sostener una relación con su audiencia, en medios on y off”. Así, es difícil desarrollar una estrategia masiva sin incluir inversión en TV, y los medios online pueden ser una herramienta para llevar una conversación, “como si la marca fuera una persona que se relaciona con sus consumidores, en un formato equilibrado en cuanto a poder”, ejemplifica.

Asimismo, se puede reconocer este crecimiento en el uso de medios digitales, por parte de usuarios y organizaciones, en las cifras de ventas electrónicas en Chile. Incluso tomando en cuenta variables económicas desfavorables, evaluaciones proyectan el crecimiento del comercio electrónico nacional en un 20% en 2016, alcanzando más de 2.800 millones de dólares, de acuerdo a la Cámara de Comercio de Santiago.
Estado actual y desafíos de la publicidad digital

En Chile el nivel de digitalización del público es alto y hay un proceso de cambio en las audiencias, donde los medios online son cada vez más prevalentes.

En este ámbito, Saavedra comenta que “desde el lado del marketing se siente que lo digital no está influyendo y atrayendo la inversión que podría alcanzar, porque aún existen ciertas dificultades desde la industria”, y considera que los factores en los que se debe trabajar para avanzar son:

  • Definición de las métricas y KPIs de las empresas.
  • Desarrollo de estrategias digitales.
  • Segmentación audiencias de acuerdo a estrategia y objetivos.

Conociendo esto, el gerente general de IAB Chile explica que se crea un gran desafío a la hora de definir los presupuestos para los medios online, por lo que terminan siendo, mayoritariamente, conservadores y con foco en la publicidad tradicional. Así, su conclusión es que “una compañía que se queda esperando a ver cuál es su oportunidad en este ámbito puede encontrarla muy tarde y ser muy cara”.

A pesar de las dificultades, reconoce avances y buenas prácticas en diversas industrias. Por ejemplo, considera que la educación en Chile ya sabe cómo manejar los medios digitales, posicionándose como la que más invierte en ellos. Por otro lado, el retail, a través del e-commerce ha despegado con estrategias como el CyberMonday, y la banca, aunque no es la que más invierte, sí se preocupa de tener planes omnicanal con enfoque online.

De esta forma, Saavedra recomienda, al igual que en la transformación digital, que las empresas experimenten con la publicidad en línea, desde una perspectiva de investigación, prueba y error. “Hay que equivocarse para saber dónde están los mejores resultados, esa es la única manera de no quedarse atrás, y que la distancia no sea insalvable”, sentencia el publicista.

Fuente: Entel

América Latina presenta un escenario positivo para el teletrabajo

Esta nueva modalidad laboral ha logrado un positivo desarrollo inicial en la región, mostrando una adopción cercana al 10% de la población económicamente activa en países como Brasil y Argentina, según un reporte de 5G Americas. Resulta fundamental continuar impulsando la conectividad para ampliar las oportunidades laborales y reducir la brecha socioeconómica en América Latina.

La adopción del teletrabajo en América Latina presenta un escenario favorable, aunque en distintos niveles de acuerdo a los diversos países, según apunta el white paper Teletrabajo en América Latina, publicado por 5G Americas. Pese a ser un fenómeno emergente, el teletrabajo ha permeado la región y pasó a formar parte ya de la realidad laboral de su población económicamente activa, con una participación cercana al 10 por ciento en países como Brasil y Argentina, y de entre el 2 y 4 por ciento en Chile y México, según estimaciones al año 2015.

Surgido como práctica a partir de factores como la globalización, una mayor adopción de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) y nuevos patrones productivos, entre otros aspectos, el teletrabajo se presenta como una oportunidad de generar mayores fuentes de empleo que pueden contribuir a la reducción de la brecha socioeconómica en la región. Por otra parte, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el teletrabajo también fomenta la inclusión de las mujeres y personas con discapacidad en el mercado laboral.

Además de las ventajas en disminución del impacto ambiental y beneficios para los empleados como reducción de costos y flexibilización de horarios y lugares de trabajo, entre otros aspectos, el teletrabajo también ofrece distintas modalidades de práctica.

A grandes rasgos, el estudio diferencia entre teletrabajo autónomo de los profesionales independientes o empleados que usan las TIC para desarrollar sus tareas desde cualquier lugar; teletrabajo suplementario, donde la modalidad remota convive y/o alterna con la práctica tradicional de laborar en la empresa; y el teletrabajo móvil, en el cual los trabajadores utilizan dispositivos móviles para ejecutar sus tareas, sin un lugar definido para realizarlas. Los principales factores que determinan estas modalidades son el tipo de conexión, el lugar de trabajo y la relación contractual con las empresas.

Aparte del impulso de esta modalidad por parte del sector privado, el reporte destaca que también existen en América Latina iniciativas para incentivar el teletrabajo, como portales de información para los trabajadores, impulsadas por los gobiernos u otras entidades.

“Para que el teletrabajo pueda extenderse en forma equitativa para todos los sectores de la población, es necesario que los distintos países de América Latina continúen impulsando la conectividad, principalmente favoreciendo el despliegue de infraestructura de redes para los operadores, por un lado, y colaborando para que los dispositivos —teléfonos inteligentes, tablets y computadores portátiles, entre otros— sean más asequibles para las personas, por el otro. Únicamente de esta forma podrá garantizarse igualdad plena en el acceso a las oportunidades laborales que esta nueva modalidad de trabajo ofrece”, explicó José Otero, Director de 5G Americas para América Latina y el Caribe.

Fuente: Corporateit

La tecnología digital generaría hasta un 7% más de ingresos en compañías industriales

Las compañías industriales que no aprovechan las tecnologías digitales están perdiendo cuota de mercado. Está previsto que la aplicación de la inteligencia artificial revolucione la interacción con el cliente y se convierta en un facilitador clave para los productos inteligentes.

El 50% de las empresas de transporte y el 60% de las de equipos industriales reconocen que no están invirtiendo en tecnología digital como parte de su estrategia de negocio. Estas son algunas de las conclusiones que se extraen del estudio de Accenture Technology Vision 2017, en el que se han entrevistado a 102 executivos de compañías de transporte y a 562 de compañías industriales de todo el mundo.

La abrumadora mayoría (94%) de las empresas industriales encuestadas aceptan que las tecnologías digitales y el internet de las cosas, adaptado al entorno industrial, cambiarán radicalmente la forma en que necesitan operar para tener éxito. Además, admiten una falta de capacidades en áreas que dependen cada vez más de las tecnologías digitales, como la gestión de los productos as-a-service y el ciclo de vida. De las compañías de fabricación y suministro de transporte y las de equipos industriales consultadas, la gran mayoría (95%) consideran crítico desarrollar modelos de negocio para apoyar una estrategia de producto as-a-service. Sin embargo, sólo el 10% de las empresas de transporte y el 18% de las empresas de equipos industriales creen que están bien preparados para esta evolución.

El impacto potencial por no invertir en tecnologías digitales se ha estudiado en el informe, Innovation-Driven Growth. Este estudio demuestra que las empresas líderes van más allá de crear un buen producto o servicio, lo que hacen es innovar para ofrecer experiencias diferenciadas a los clientes, que pueden generar un aumento de ingresos anual del 3 al 7%. Es esta innovación la que está siendo impulsada por la adopción y aplicación de tecnologías digitales.

Durante su participación en Hannover Messe, Eric Schaeffer, senior managing director y responsable de la práctica Industrial de Accenture ha señalado: “Las empresas industriales necesitan una visión integral para crear valor: una visión que utilice el poder de los servicios inteligentes como la columna vertebral de la cadena de valor del end-to-end digital. El resultado de tener una visión tan completa es obtener clientes significativamente más satisfechos – así como mayores ingresos y márgenes operativos”.

Las empresas industriales encuestadas en el informe Technology Vision 2017 ven la inteligencia artificial como la nueva era de la informática, que está pasando de un enfoque del móvil primero a un enfoque IA primero. En este sentido, los ejecutivos consultados esperan que la IA revolucione la forma en que recopilan información de sus clientes e interactúan con ellos. También la ven como un facilitador clave para los productos inteligentes. De hecho, el 54% de las compañías de transporte y el 37% de las industriales esperan ver un cambio significativo como resultado de la implementación de la inteligencia artificial.

Fuente: CIO

7 consejos para triunfar en el mundo del eCommerce

Finalizado un nuevo e-commerce Day en nuestro país, revisamos el estado actual del comercio electrónico, las tendencias y las oportunidades que representan tanto para las empresas como para los consumidores.

Gracias al análisis de Big Data y analytics, las tiendas pueden encontrar al cliente correcto en el momento indicado y para el producto adecuado. Esto significa, que con la cantidad de información histórica que hoy genera el comercio electrónico en base al comportamiento de compra de los usuarios, se puede tomar toda esta inteligencia, procesarla y así mejorar la experiencia de los compradores.

Miguel Elías, Gerente de Negocios Online de Samsung Electronics Chile, entrega siete consejos para enriquecer la experiencia de compra de los clientes y cómo identificar aquellos puntos en donde se pueden introducir mejoras y contar con una base de usuarios fieles y satisfechos.

1. Una presencia mobile es indispensable: Con más del 50% de las búsquedas en la Web hechas desde dispositivos móviles en Chile, ¿cómo pueden las empresas aprovechar esa oportunidad y capitalizarla en beneficio de sus ventas? No hablamos sólo de personas que buscan antes de salir de casa a una tienda, sino de consumidores que desde la misma tienda realizan otras búsquedas para tener opiniones de otros clientes respecto de un producto o servicio o incluso compararlo con otros. Las marcas deben estar en el mundo móvil para ser competitivas.

2. Aprovechar la alta bancarización en Chile: Los medios de pago son totalmente relevantes para impulsar el comercio electrónico. En Chile, si bien no tenemos una amplia masa de consumidores como Brasil, sí contamos con la gran ventaja de tener la base necesaria para el e-commerce. Con esto nos referimos a una alta bancarización, acceso a tarjetas de crédito y penetración de Internet, que en nuestro caso se encuentra por sobre el 70% y somos el número 10 a nivel mundial en este tema. En este sentido, el siguiente desafío es contar con mayor competencia y no perder nunca de vista avanzar en cuanto a la seguridad de los pagos.

3.El e-commerce está abierto a todas las categorías de productos y servicios: En Chile, el comercio electrónico ha crecido de forma sostenida durante los últimos años y las personas se están aventurando cada vez más a explorar categorías nuevas. Al comienzo fue muy fuerte con los grandes productos de tecnología, pero ahora rubros como ropa, alimentos, viajes y múltiples experiencias de entretenimiento tienen un espacio ganado entre los consumidores. Por esto, desde pequeñas tiendas hasta grandes retailers tienen mucho potencial de éxito.

4. Clientes expertos. No debemos desestimar su conocimiento: Una falencia que se debe evitar al hablar de un canal de e-commerce, es asumir que uno como vendedor sabe más que el cliente respecto a lo que está buscando en un sitio. Tenemos que hacer las cosas fáciles para ellos: tener un buscador y estructura de navegación que permita encontrar los productos de forma rápida y sencilla, sin perder de vista la amplitud de inventario.

5. Por obvio que suene, el mundo físico y digital son distintos: Es importante no autoimponer barreras de sistema legacy al mundo online, es decir, procedimientos heredados o antiguos que generalmente se traspasan desde el canal de venta física al digital, y que sólo complican más la experiencia del cliente. Un error común es hacer perder tiempo al consumidor pidiéndole datos innecesarios para cerrar una venta por e-commerce, pero que para una compra o boleta física eran parte de la rutina. Por ejemplo, de nada sirve pedir la dirección de despacho si la persona seleccionó la opción de retirar un producto en tienda.

6. Transparencia 24/7: La confianza es uno de los atributos que definen la lealtad de un cliente en una compra online a futuro. Debemos ser 100% transparentes con las condiciones de precios, disponibilidad y logística. Una buena práctica es mantener informado al cliente, durante todo el proceso de compra y de forma proactiva, lo que está ocurriendo con su pedido. Así por ejemplo, los sistemas de tracking online para ver minuto a minuto dónde está el paquete se vuelven muy relevantes.

7. Realidad aumentada y NFC: los próximos pasos para el e-commerce: Una tendencia que se está imponiendo con fuerza es la realidad aumentada asociada a procesos de compra online. Por ejemplo, cómo un usuario a través de un dispositivo móvil puede reconocer objetos del mundo real, a través de la cámara en su smartphone, para luego ser enlazado a sitios de comercio que los ofrezcan. Este tipo de interacciones estará disponible en el futuro gracias a equipos como el Galaxy S8, que junto a la interfaz Bixby de Samsung, permitirán reconocer imágenes fijas y en vivo para relacionarlas con el mundo digital.

Por otro lado, vemos con más frecuencia que en distintas partes del mundo es común no usar la tarjeta para pagar. Aquí, tecnologías como NFC o el llamado pago sin contacto, además de tecnologías como la de Samsung Pay, que ya está disponible en otros países, permiten que el celular controle tus gastos sin tener que abrir la billetera.  A esto se suman las tecnologías de recordación de datos de tarjetas o las que permiten escanearlas para no ingresar la información a mano, lo que hace más simple la compra. Si los datos se almacenan de forma segura para conocimiento de los usuarios, éstos preferirán siempre tener una experiencia más rápida.

Fuente: Corporateit

Hay que ser ambidiestro para abarcar la transformación digital

En 1987 Robert Solow dijo que las tecnologías digitales estaban en todas partes, menos en las estadísticas de productividad. Desde los 90 las empresas han creado, modificado y adoptado afectando positivamente la economía. Hoy la transformación digital (re)aparece con fuerza como una manera de revitalizar a empresas y afectar la economía. En 2005 Erik Brynjolfsson calculó que, al hacerse bien, cada $1 invertido en ella podría generar más de $10 en activos intangibles para la empresa. A principios de este año, Deloitte y Prophet alertaron que los esfuerzos de transformación digital muestran una brecha importante entre su promesa y potencial de productividad, y los resultados obtenidos. En esta columna discutimos qué causa esta brecha, y el rol del desarrollo de capacidades dinámicas y de innovación para prevenirla. Para una empresa innovadora, la transformación digital es el resultado natural del utilizar sus capacidades dinámicas para responder a nuevos desafíos.

Desde hace unos años se ha venido cuestionando qué tanto de real tiene la transformación digital, o qué tanto resulta de una nueva manera de vender servicios de consultoría. Mal que mal, se dice, la revolución digital ya va a cumplir 20 años. Muchas de las “tendencias” que muchos alaban hoy están a punto de cumplir o pasaron la mayoría de edad: Big data existe desde 1998, fabricación digital y 3D printing comenzó en 1994 con el trabajo de Michael Cima y su equipo en MIT. Del mismo modo, los primeros casos de transformación digital se han venido generando desde principios del 2000, así como los primeros casos exitosos de utilización de redes sociales y “crowdsourcing” digital.

Por ejemplo, el proyecto Eureka de Xerox se inició a principio de los 90 en PARC, permitiendo a técnicos de Xerox de todo el mundo resolver problemas poco comunes en terreno mediante laptops. Una estadística para el 2002: Eureka era una red activa de 25,000 técnicos en 71 países, había ayudado a resolver 350.000 problemas, y ahorrado US$ 15 millones. Un impacto modesto para un momento donde la madurez y desempeño de Internet y la movilidad eran sólo una sombra de lo que son ahora.

Los orígenes de la transformación digital llegan a mediados de los 90, cuando Tim Bresanan, Erik Brynjolfsson y LorinHitt descubren que cuando inversiones en “tecnologías de la información” se acompañaban de ciertas prácticas organizacionales se generaban aumentos significativos en productividad de las empresas. Una investigación posterior –entre Brynjolsson, Hitt y Shinkyu Yang- revelaría que, cuando la inversión en TI era acompañada de inversiones similares en desarrollo de capital organizacional, se obtenía una valoración de mercado desproporcionadamente más alta que en empresas con menor inversión en lo organizacional. En un extremo, mostraban, cada dólar invertido en activos digitales, estaban asociados con una valoración de mercado adicional de hasta más de $10, que correspondía a los activos intangibles asociados a crear valor adicional con los activos digitales adquiridos. Aquí está parte de la clave de este tema.

La transformación digital tiene, efectivamente, un alto potencial. Sin embargo, algo obvio por estos años, para alcanzarlo se necesita mucho más que adquirir tecnología, y focalizar el cambio en torno a los equipos de diseño y desarrollo digital.

Le brecha entre la promesa y realidad se está produciendo por foco excesivo en la experiencia digital del cliente, y cierta tendencia a desarrollo ágil que ha llevado a empresas a externalizar parte del prototipaje, incluso a veces el desarrollo, en fábricas de proveedores para obtener resultados más rápidos.

Como resultado, muchos esfuerzos dejan de lado aspectos relevantes de la experiencia de consumo del cliente que, si bien escapan a lo digital, son habilitados por procesos, canales, conocimiento, y comportamiento organizacional que sólo es posible mediante la madurez organizacional derivada de capacidades dinámicas que se general con el cambio tecnológico y habilitadas, en parte por una estrategia digital.

La segunda parte del problema –externalización en fábricas- es que como lo estudiaron Charles Fine y Daniel Whitney, de MIT, cuando una empresa externaliza se puede volver dependiente de sus proveedores por conocimiento y capacidad. Cuando se externaliza demasiado la capacidad de innovación de nuevos productos, hay que tener cuidado de ver qué se está tercerizando. Si parte importante de los servicios comprados a terceros son el prototipaje, es peligroso porque parte de los intangibles necesarios para transformación digital exitosa son la capacidad de aprender mediante falla, y organizarse para experimentar de manera rápida y continua. Cuando estas capacidades externas no son acompañadas de competencias internas igualmente sofisticadas, la “agilidad” contratada se encuentra con los límites de la rigidez interna y comienzan los problemas.

Una de la manera de “salir” de los problemas es terminar contratos y cambiar de proveedores… Hemos sido testigos de no pocas empresas que al terminar los contratos se dan cuenta que no se ha generado capacidad interna para identificar desafíos, o diseñar soluciones que les permitan ser relativamente autónomos en obtener sus objetivos estratégicos utilizando el potencial digital.

La madurez de una estrategia de transformación digital va mucho más allá de la capacidad del desarrollo ágil, y contempla las habilidades organizacionales para estar identificando desafíos de los usuarios, así como también posibilidades de disrupción desde actores nuevos y desde otros mercados.

Prophet, por ejemplo, destaca seis etapas en su modelo de Transformación Digital: (i) “business as usual”, (ii) presente y activo, (iii) formalizado, (iv) estratégico, (v) convergido, y por último, (vi) innovador y adaptativo. Este último es el equivalente a lo que descubrieron Brynjofsson, Hitt y Yang: cuando la inversión en transformación digital es tan profunda porque está acompañada de la transformación organizacional necesaria para ir adelantándose a la disrupción potencial, y la genera.

Esto se logra cuando la empresa “basa” el desempeño de los esfuerzos de transformación digital en capacidades dinámicas de la organización. Estas capacidades, propuestas en 1997 por David Teece, Gary Pisano, y AmyShuen, se refieren a la capacidad de una organización de adaptar su base de recursos para anticiparse o adaptarse a los cambios. Ellos proponían que para poseer estas capacidades dinámicas, una empresa debía exhibir agilidad organizacional y haber generado capacidad de aprender rápido de manera cíclica (lo que se logra mediante experimentación), además de aprender a identificar puntos ciegos y reconocer actividades disfuncionales. Además, la empresa debía generar nuevos activos estratégicos e integrarlos en un sistema diseñado para incorporar retroalimentación de usuarios en procesos internos. Todo lo anterior –activos intangibles- son resultados que se obtienen al instalar capacidades de innovación: anticipación, capacidad de aprendizaje rápido mediante experimentación constante con usuarios, identificación y creación de nuevos activos tangibles e intangibles. En resumen, se entraría en un círculo virtuoso.

Ahora… lo paradigmático es que si una empresa se hubiese focalizado el desarrollo de los activos intangibles al momento en que las tecnologías digitales entraron en nuestra vida de manera más común (fines de la década de los 90), hoy no tendrían que invertir en “transformación” digital. Mucho de esto ha resultado de basar las decisiones de inversión con criterios de costo y eficiencia de corto plazo.

Sabemos que decisiones de corto plazo generan problemas de largo plazo. De nuevo, la transformación digital es necesaria, pero como un esfuerzo adicional al mayor de generar la capacidad de responder de manera autónoma a nuevos desafíos: aprender y accionar en ambientes de alta incertidumbre, riesgo y ambigüedad que se generan, en gran parte, por cambios fuera de la visión organizacional. En otras palabras, para una empresa innovadora y con capacidades dinámicas, la transformación digital es el resultado natural de un camino creado para responder a nuevos desafíos. No sucede lo mismo con aquellas focalizadas excesivamente en eficiencia y resultados de corto plazo. Hay que ser ambidiestro, y saber explotar el negocio actual y explorar los posibles futuros al mismo tiempo.

Ese es el desafío para realmente lograr una “transformación” digital.

Carlos Osorio
Profesor Escuela de Negocios UAI
Co-fundador Yuken

Fuente: Eyn

Transformación Digital: Asignatura pendiente para el 95% de las empresas

Dell EMC acaba de publicar los resultados de un nuevo estudio, llevado a cabo por Enterprise Strategy Group (ESG), que revela que una gran parte de los directivos y de los responsables de TI de grandes compañías de todo el mundo piensa que sus organizaciones tienen aún un largo camino por recorrer en lo que se refiere a la transformación de TI necesaria para mantener su competitividad.

Este proceso de digitalización es una necesidad que deben afrontar todas las organizaciones. Sin embargo, el estudio muestra que el 95% de las empresas corre el riesgo de quedarse atrás frente a un grupo de competidores que está llevando a cabo de forma decidida la transformación de sus infraestructuras de TI, procesos y modalidades de entrega de productos y servicios, con el fin de acelerar su crecimiento y poder convertirse en verdaderos negocios digitales.

A juicio de David Goulden, presidente de Dell EMC, “estos resultados reflejan cómo la gran mayoría de las empresas son conscientes de que necesitan optimizar sus infraestructuras existentes para poder aprovechar las oportunidades de la era digital”. Claro que este análisis, continúa, también muestra que “la mayoría de los encuestados se están dejando ganar por un pequeño grupo de compañías que han sido capaces de abordar con éxito la transformación de sus TI y están logrando competir con mayor fuerza gracias a ello”. No obstante, para el directivo, “a medida que las organizaciones avancen en sus inversiones de transformación de TI, serán capaces de superar el conflicto entre las tecnologías heredadas y las iniciativas empresariales digitales para alcanzar sus objetivos de negocio, acelerar el time to market y aumentar su competitividad”.

Con el fin de establecer en qué etapa de la digitalización se encuentran las empresas, el informe clasifica a las mil organizaciones participantes en cuatro categorías diferentes con respecto a su grado de maduración. Así, las que se quedan atrás en transformación digital son el 12%; las que han iniciado el despliegue, pero todavía es mínimo son el 42%; las que están realizando una implementación moderada suman el 41%; y las más avanzadas totalizan el 5%.

Por otro lado, la mayoría de los encuestados (71%) está de acuerdo en que abordar la transformación de TI resulta esencial para la competitividad empresarial. De hecho, de las compañías que se encuentran en la cuarta categoría, el 85% cree que sus organizaciones están en una posición “muy fuerte” o “fuerte” para competir y triunfar en sus mercados en los próximos años, frente al 43% de las empresas menos maduras.

Además, gracias a su avanzado grado de maduración, estas compañías consiguieron superar sus objetivos de facturación (96%) el año pasado, tienen ocho veces más posibilidades de hacer que los departamentos de Negocio y Tecnología trabajen de forma alineada, ejecutan sus recursos de TI como un centro de beneficio en lugar de como un centro de costes, y aprovechan los recursos de TI para acelerar la innovación de productos y el time to market.

Finalmente, y según este estudio, la adopción de nuevos procesos de TI, como las capacidades de aprovisionamiento self-service, la ejecución de TI como una nube pública y el uso de metodologías de DevOps, pueden ser atributos de una empresa transformada con éxito. De hecho, el 26% de los encuestados afirma disponer de capacidades de autoservicio, el 65% ha realizado progresos “excelentes” o “aceptables” para proporcionar a los usuarios finales la misma capacidad de provisionar recursos de TI que pueden obtener de un proveedor de cloud público, y el 43% dice haber adoptado los principios y las mejores prácticas de DevOps.

Fuente: Corporateit

La educación online es una tendencia que va ganando terreno en Chile

Este año, la Comisión de Acreditación Nacional hará una propuesta para la certificación de estos programas.

Poco a poco, la formación online va ganando terreno en Chile. Según el Ministerio de Educación, del total de alumnos cursando una carrera de educación superior de pregrado en nuestro país en 2016, el 2,1% está en un programa a distancia y 0,6% en semipresencial. “Si bien el porcentaje de personas en esta modalidad es bajo, al analizar los últimos cinco años se aprecia un incremento de la matrícula total de pregrado en programas a distancia de 8.291 alumnos matriculados en 2012 a 24.659 en 2016”, destaca el Mineduc.

Claro que si el análisis se hace solo respecto de 2015, se observa que en 2016 el número de alumnos en programas a distancia creció 21%, es decir, 4.288 alumnos más que en 2016. Asimismo, del total de carreras de pregrado que ofrece el sistema a 2017, los programas a distancia representan el 2,9%, y los semipresenciales el 1,7%. Más de la mitad de las carreras para este año son diurnas y presenciales (55,8%).

Claro que si bien el número de programas o carreras en esta modalidad es baja, si se analiza la evolución entre los años 2012 y 2016 se observa un alza importante en la oferta de programas a distancia, que pasa de 87 en el año 2012 a 361 en 2016.

Llama la atención que entre 2016 y 2017, “el número de carreras o programas de pregrado a distancia disminuyó en -11,6%, lo que implica que el sistema en su conjunto este año ofrece a los alumnos 42 programas menos en esta modalidad que en 2016”.

A ello se suma la oferta de cientos de cursos de especialización disponibles online en Chile y el mundo, muchos de ellos gratis.

Tendencia Mundial

Aquí hay una oportunidad para todos. “La educación a nivel mundial se ha ido transformado hacia modelos online o semipresenciales (o blended), los que responden mejor a las necesidades actuales de los alumnos, especialmente a aquellos que ya trabajan o tienen otras actividades relevantes, por lo tanto necesitan aprender desde cualquier lugar y en cualquier momento, a su propio ritmo (‘anytime, anywhere’)”, destaca Luz Montero, directora de la recientemente creada UC Virtual.

Esto sumado a los avances en las tecnologías educativas e informáticas, al acceso masivo  a internet y al gran uso de dispositivos móviles “permite implementar una nueva forma de enseñanza aprendizaje por medio del e-learning: orientada a desarrollar competencias, globalizada, digital, deslocalizada, en la que las redes y el trabajo colaborativo son clave”, destaca.

Por ejemplo, cita que según el Report Card, Tracking Online Education in the US, de febrero de 2016, en Estados Unidos, la matrícula de pregrado de alumnos online sigue creciendo (3,9% anual en los últimos dos años), en un contexto de disminución de matrículas totales (-0,7%). Actualmente, esta representa el 28% del total (5,8 MM), de los cuales la mitad corresponde a programas “exclusivamente online”, segmento que más crece en los últimos años.

Para Patricio del Sol, profesor de Estrategia y director de UAI Open, la educación online es  una “radical oportunidad para sustituir parte del método de enseñanza mayoritariamente utilizado hoy. Algunas universidades pueden decidir subirse a la revolución de internet e invertir hoy en capacidades de educación online”.

Esto les permitiría acceder a una fuente inagotable de contenido, mejorar la calidad de sus programas, aumentar radicalmente la productividad de sus profesores, bajar los costos de las instalaciones físicas, y reducir las barreras geográficas y horarias de los alumnos.

“Mientras que en la mayoría de las industrias la tecnología ha permitido bajar los costos de los productos y servicios significativamente, los ya altísimos costos de la educación universitaria han crecido en todo el mundo, año a año, por décadas. Esto porque el método de enseñanza que actualmente utilizan las universidades no ha cambiado mucho desde que Aristóteles enseñaba en el liceo ateniense: un grupo relativamente pequeño de jóvenes se reúnen en un lugar, a una determinada hora, a escuchar la sabiduría de un profesor”.

Según Del Sol -que en 2013 dictó un curso online de Evaluación de Decisiones Estratégicas donde se inscribieron 120.000 alumnos de varios países, de los cuales 27.000 lo terminaron- “los analistas están pronosticando que el surgimiento de la educación online revolucionará toda la industria de la educación superior y revertirá finalmente esta tendencia, de aumento de costo y de productividad estancada, que ha afectado a la educación universitaria por tantos años”.

Lo disruptivo de los cursos online es el aumento de escala y productividad que gatillan. “Enseñando en un curso de 60 alumnos por año, demoraría 450 años en enseñarle a 27.000 alumnos. Con un profesor por curso de 60 alumnos, se necesitarían 450 profesores para dictar este curso a 27.000 alumnos”, dice Patricio del Sol.

“Las economías de escala y aprendizaje y las externalidades de red asociadas a internet, abren la oportunidad a las universidades de instalarse en un círculo virtuoso: más personas se matriculan en los programas, mejores profesores quieren enseñar en este, más y mejores programas se ofrecen, más personas se matriculan en los programas, cerrándose así el círculo”.

Aprender desde cualquier lugar y en cualquier momento.

Fuente: Eyn    

¿Por qué los latinoamericanos compran y venden poco por internet?

La brecha normativa y el rol de la confianza en el comercio electrónico de la región.

El comercio electrónico es una modalidad de intercambio creada gracias al desarrollo de la red y concretada mediante el conjunto de dispositivos que permiten acceder a ese “ciberespacio”.[1] Según una estimación preliminar de la Fundación ECommerce, el valor de las transacciones electrónicas efectuadas bajo la modalidad B2C (businesss to consumer) creció 17% en 2016, sumando un monto de US$2.671 mil millones. Este desempeño del comercio electrónico resulta excepcional en el deslucido cuadro de la economía y del comercio mundial: se estima que este último decreció 5% a precios corrientes el año pasado.

La misma entidad informó que el monto de comercio electrónico en 2015 alcanzó 3,1% del PIB mundial. En América Latina, el monto de las transacciones de este tipo fue US$ 50,4 mil millones, apenas 0,9% del producto regional y tan solo 2,2% del total comerciado en el mundo por esta vía. Estas cifras reducidas no se deben a que los latinoamericanos estén fuera del ciberespacio: la región tiene un 10,5% de los internautas del globo, con una población que alcanza el 8,5% del total.[2] Los latinoamericanos navegan la red, pero compran y venden poco en ella.

Se puede inferir que la explicación de esta brecha que exhibe América Latina es multicausal: bajos niveles relativos de ingreso por habitante, menor impulso innovador en las tecnologías propias del ciberespacio, débil desempeño en transporte y logística y, sin duda, factores atribuibles a la infraestructura comercial y financiera de la región; por ejemplo, menor bancarización y, también, menor confianza en los instrumentos electrónicos para realizar compras y pagos.

Esa falta de confianza deriva a su vez de un desfase importante en materia de regulación: las reglas no están claramente establecidas o bien, no se conocen; tampoco se sabe bien cómo y quién garantiza su cumplimiento.

Este artículo investiga aspectos del desafío regulatorio que tiene la región en materia de comercio electrónico –con énfasis en el aspecto transfronterizo–, comentando instrumentos de referencia respecto a los cuales podría comenzar a fundamentarse una mejor superestructura normativa para este dinámico segmento del comercio mundial.

La revolución electrónica del mercado y sus desafíos regulatorios

Como fenómeno relativamente novedoso, el comercio electrónico presenta ingentes tareas en materia regulatoria que abarcan tanto el plano doméstico como el internacional. En rigor, por ser uno de los resultados más visibles de la revolución tecnológica de la globalización, en el comercio electrónico es difícil distinguir los aspectos domésticos de los internacionales. Siendo la red, desde su inicio, un sistema de conexión mundial, es natural que diese lugar a vínculos comerciales transfronterizos en potencial igualdad con los vínculos domésticos.

Los desafíos regulatorios mencionados incluyen, entre otros aspectos, la necesaria actualización de muchos soportes jurídicos de las transacciones comerciales. En el mundo previo al ciberespacio un contrato comercial debía contar con un soporte de papel; pero la red abrió la posibilidad de crear otro tipo de soporte físico de los contratos: el documento electrónico, incluyendo la firma digital. De la misma forma, mecanismos de pago, solución de controversias y dispositivos que hagan regir los contratos son algunos ámbitos en los cuales la estructura jurídica del comercio debe adecuarse a los nuevos medios provistos por esta revolucionaria tecnología.

Las iniciativas de regulación del comercio electrónico tienen ya una historia a la que aportan diversas propuestas normativas, generadas en espacios multilaterales o por acuerdos comerciales y de integración en espacios regionales.

Los primeros pasos: La “Ley Modelo” y la “Convención” de Naciones Unidas

Ya en 1996, la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (CNUDMI) publicó una Ley Modelo sobre Comercio Electrónico, luego enmendada por la Convención sobre la Utilización de las Comunicaciones Electrónicas en los Contratos Internacionales de 2005.

La Ley Modelo de la CNUDMI busca establecer un conjunto de reglas internacionalmente aceptables encaminadas a suprimir los obstáculos jurídicos y a dar una mayor previsibilidad al comercio electrónico, equiparando el trato dado a la información sobre papel al trato dado a la información electrónica. Además, la Ley Modelo establece normas para la formación y la validez de los contratos concertados por medios electrónicos.

Algunas disposiciones de la Ley Modelo fueron enmendadas por la Convención. Esta tiene por objeto facilitar la utilización de las comunicaciones electrónicas en el comercio internacional, garantizando que los contratos concertados electrónicamente y las comunicaciones intercambiadas por medios electrónicos tengan la misma validez y sean igualmente ejecutables que los contratos y las comunicaciones sobre papel. La Convención fomenta la armonización de las reglas aplicables al comercio electrónico y promueve la uniformidad en la adopción de instrumentos nacionales basados en la Ley Modelo, aparte de actualizar y complementar ciertas disposiciones.

Repercusiones en América Latina

El impacto de estos instrumentos en los marcos regulatorios del comercio en América Latina ha sido escaso. Son pocos los países que han promulgado legislación doméstica basada o inspirada en la Ley Modelo: Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Venezuela.[3] A la fecha, solo Honduras ha ratificado la Convención; Colombia, Panamá, Paraguay y México figuran como países signatarios.[4]

Es decir, desde el ángulo de la (necesaria) promulgación de legislación doméstica que cubra al comercio electrónico, muchos países de la región no han tenido avances sustantivos. Esto es llamativo dado que la Ley Modelo tiene ya más de dos décadas de existencia y, sin duda, el comercio electrónico es una realidad de segmentos importantes del mercado en todos los países.

¿Una vía OMC para alcanzar una normativa moderna?

Las oportunidades que brinda el comercio electrónico para las exportaciones regionales es indudable: las plataformas comerciales son casi por definición, mundiales y, por tanto, ofrecen una ventanilla de oferta a la que potencialmente puede acceder una inmensa cantidad de consumidores. Esto, por supuesto, requiere inversiones, acceso a infraestructura, condiciones de seguridad jurídica para las transacciones como las que se han mencionado, entre otros elementos.

En este aspecto, Meltzer (2016), argumenta que el aprovechamiento de las oportunidades que surgen del flujo transfronterizo de datos brindado por la red depende de tres elementos:

  1. Regulación: para dar a los consumidores y empresas la confianza para participar en transacciones electrónicas transfronterizas; por ejemplo, ley de protección del consumidor, mecanismos de solución de controversias, medios de pagos electrónicos, seguridad de los datos.
  2. Libertad de flujo de datos: no aplicación de regulaciones que limiten la libertad de flujo de la información a través de la red.
  3. Cooperación entre países con el fin de controlar externalidades negativas que puedan surgir y que podrían inducir medidas proteccionistas.

Para alcanzar estos requisitos, este autor recurre al acervo jurídico multilateral y propone opciones de política que actualicen y optimicen las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).[5] Una de las vías sería la negociación de un acuerdo plurilateral sobre comercio electrónico que contenga compromisos sobre temas tales como accesos a mercados de servicios en línea, libre flujo de datos, localización de datos, sistemas de protección de la propiedad intelectual, cooperación regulatoria, y trabajo de gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales.

Sin embargo, las perspectivas de negociación en el ámbito de la OMC han sido las menos dinámicas en los últimos años en comparación con la proliferación de acuerdos preferenciales.[6] En realidad, tomando como referencia genérica los puntos que enuncia Meltzer, puede verse que, en los tratados regionales existentes, el comercio electrónico se encuentra débilmente regulado tanto desde el punto de vista doméstico como transfronterizo.

En cierto sentido, esto no es sorprendente dada la enorme complejidad que tiene la adaptación de una estructura jurídica comercial a la revolución que plantea la posibilidad del intercambio global dada por los nuevos medios creados por la red. La incorporación de esta realidad a la legislación doméstica, y la posterior convergencia y armonización en la esfera global, son, necesariamente, procesos lentos en los que interviene un cúmulo de negociaciones y decisiones y en los que se requiere una progresiva acumulación de experiencia.

El enfoque del TPP y el desfase de América Latina

Es natural que las complejidades de una negociación sean menores en un ámbito regional restringido: en principio, pocos países en la mesa de negociaciones podrían alcanzar un equilibrio respecto a tratativas más pobladas; si, además, estos países tienen mayor experiencia, es más probable que el ejercicio culmine exitosamente y rinda frutos tangibles. Esto es válido también cuando el objetivo es obtener instrumentos armónicos que sustenten el comercio electrónico. En todo caso, debe considerarse que un enfoque regional de un tema inherentemente global ‑como lo es el comercio electrónico‑ podría fragmentar el espacio regulatorio, si no se plantea de complementarios a los compromisos multilaterales.

El Acuerdo Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) presenta, posiblemente, el compromiso con la gama más amplia de aspectos relativos a la regulación del comercio electrónico transfronterizo; de hecho, incorpora varios propuestos por Meltzer. La reciente incertidumbre respecto a su entrada en vigor, dada la salida de EE.UU. no atenúa sus propiedades como referencia negociadora. Por ello, resulta interesante analizar qué tan lejos han llegado los países de América Latina en sus acuerdos, intra- y extra-regionales en comparación con los componentes respectivos del TPP.

El comercio electrónico está regulado esencialmente por el capítulo 14 del TPP y abarca quince aspectos.[7] ¿Cómo se comparan con acuerdos latinoamericanos? Una muestra significativa de estos comprende: MERCOSUR, Alianza del Pacífico (AP), Centroamérica–Asociación Europea de Libre Comercio (AELC),[8] Centroamérica–Unión Europea, República Dominicana y Centroamérica–EE.UU. (DR-CAFTA, por sus siglas en inglés), y Centroamérica–México. (Cuadro 1).

Cuadro 1. Disposiciones sobre comercio electrónico en acuerdos regionales seleccionados

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Notas: CA: Centroamérica; AELC: Asociación Europea de Libre Comercio; UE: Unión Europea; DR-CAFTA: Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y EE.UU. (según siglas en inglés).
Fuente: Elaboración propia con información de INTrade-IJI y fuentes nacionales.

Los quince aspectos cubiertos por el TPP se pueden agrupar en tres grandes grupos:

  1. Legislación interna del comercio electrónico que influye en la regulación de transacciones transfronterizas: el TPP compromete a sus partes a disponer de un marco regulatorio doméstico coherente con principios internacionales y ‑esto es muy relevante‑ contar con leyes de protección del consumidor en línea y de la información personal generada por cada transacción. Ninguno de estos requerimientos se encontró en los acuerdos regionales analizados, a excepción de la AP que dispone que las partes adopten un marco legal que provea de protección a la información personal de los usuarios del comercio electrónico.

    Solo algunos acuerdos tienen artículos relacionados con la transparencia en las leyes internas: los acuerdos de Centroamérica-México y el DR-CAFTA requieren que las partes hagan públicas sus leyes, reglamentos o medidas que se relacionen con el comercio electrónico en general; y la AP sobre sistemas de protección al consumidor existentes en cada país, en particular; y sobre proveedores que hayan sido sancionados por infracciones a los derechos de los consumidores en el comercio electrónico. Finalmente, el Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea solo propone mantener un diálogo entre las partes sobre esta cuestión.

  2. Disposiciones que facilitan y fomentan el comercio electrónico: estas incluyen requerimientos tradicionales, como no aplicar aranceles, mantener los principios de no discriminación, crear un mecanismo de solución de diferencias, y cooperar en diferentes ámbitos; y aspectos novedosos sobre el acceso a internet, la transferencia de datos entre países, la localización de instalaciones electrónicas y el reconocimiento de documentos electrónicos.

    En cuanto los requerimientos tradicionales, excepto el MERCOSUR, todos los acuerdos regionales analizados incluyen disposiciones sobre la no aplicación de aranceles a las transacciones electrónicas; y los principios de no discriminación están presentes en la AP, y los acuerdos Centroamérica–México y el DR-CAFTA. Solo la AP plantea mecanismos de solución de controversias específicos para las transacciones electrónicas. La cooperación es el elemento más presente en los tratados analizados, aunque ninguno cubre todos los aspectos mencionados en el TPP: asistencia a PyMES, intercambio de información sobre aspectos regulatorios, participación en foros regionales e incentivos al sector privado.

    Por su parte, los aspectos novedosos casi no se encuentran en los acuerdos de la región. Solo existen compromisos futuros de negociación sobre transferencia internacional de información por medios electrónicos en la AP y en los acuerdos Centroamérica–México y DR-CAFTA; así como una sugerencia sobre la aceptación de documentos electrónicos en el Protocolo Comercial de la AP.

  3. Aspectos de seguridad propios del comercio electrónico: como el uso de autenticación y de firmas digitales, la regulación de mensajes no solicitados, la ciberseguridad y la prohibición de requerir el acceso a los códigos fuente. A pesar de la importancia de estos elementos en la realización de las transacciones electrónicas, y en especial en el comercio transfronterizo, solo la autenticación y el uso de firmas electrónicas se encuentra regulado en cuatro de los seis acuerdos analizados: MERCOSUR, Centroamérica-Unión Europea, Centroamérica-México y AP. De los restantes puntos que dispone el TPP, únicamente la regulación de los mensajes electrónicos no solicitados aparecen como compromisos de futuras negociaciones en la AP y el acuerdo Centroamérica-Unión Europea.

¿Dónde está América Latina? ¿Qué puede hacer?

Primero, los países de América Latina se encuentran rezagados en términos de regulación del comercio electrónico, y esto se observa tanto hacia adentro como hacia afuera de las fronteras. Solo ocho países de la región tienen legislaciones internas acordes con lineamientos internacionales, y uno solo ha ratificado el instrumento propuesto por Naciones Unidas.

Segundo, dentro de los acuerdos regionales, la AP es el que contempla la mayor cantidad de cuestiones relacionadas con el comercio electrónico, aunque deja por fuera algunas importantes. La AP replica diez de las quince normativas propuestas por el mega-acuerdo, y esto puede estar relacionados con dos factores: la simultaneidad de la negociación, y que tres de sus cuatro miembros son también parte del TPP. Sin embargo, la AP no aborda temas centrales tales como contar con un adecuado marco legal doméstico, garantizar la libertad de acceso a la red y evitar medidas que podrían elevar los costos de transacción (localización de instalaciones, códigos fuente). Deja de lado también la cooperación en ciberseguridad, aspecto clave para que los consumidores y empresas adquieran la confianza necesaria para involucrarse en transacciones electrónicas.

A pesar de la evidente heterogeneidad en los compromisos ahora vigentes en comercio electrónico en los acuerdos examinados, todos incentivan la cooperación entre las partes y por tanto dan una base para seguir construyendo normativas regionales en esta materia.

El punto aquí es ‑dada la brecha regional existente y las complejidades del escenario global‑ profundizar las negociaciones en esta materia, concibiéndolas como un instrumento para la diversificación y de promoción del comercio que facilite un firme despegue de las exportaciones regionales. Una visión convergente de toda la región en esta materia marcaría un hito en la medida en que apunta a un instrumento del comercio que hasta hace pocos años no tenía prácticamente relevancia en las agendas negociadoras. La participación de las agencias de promoción de exportaciones y del sector privado y organizaciones no gubernamentales daría un impulso para avanzar esta brecha.

Considerando el gran dinamismo del comercio electrónico en una coyuntura de alta incertidumbre y debilidad económica y comercial generalizada, los países de América Latina tienen una oportunidad de contar con un factor de impulso para el intercambio. Cubrir la amplia brecha existente en términos regulatorios y fomentar la cooperación para garantizar el libre flujo de datos se presentan como herramientas de políticas clave para estimular este nuevo aspecto del comercio.

Bibliografía

Asociación Mexicana de Internet (2016). Estudio de Comercio Electrónico en México 2016. Desarrollado por comScore.

Baker, J. (2017). European commission eyes an end to data localization in EU. The Privacy Advisor.

Ecommerce Foundation (2016). Global B2C Ecommerce Report 2016. Light Version. Amsterdam.

Giordano, P., coord. y Ramos, A., col. (2015). Monitor de Comercio e Integración 2014: Vientos adversos: Políticas para relanzar el comercio en la post-crisis. Banco Interamericano de Desarrollo, Sector de Integración y Comercio. Washington.

Meltzer, J. P. (2016). Maximizing the Opportunities of the Internet for International Trade. E15 Expert Group on the Digital Economy – Policy Options Paper. E15Initiative. Geneva: International Centre for Trade and Sustainable Development (ICTSD) and World Economic Forum.

Scotti, l. (2011). Comercio electrónico internacional y procesos de integración regional: un binomio deseable, en Stersi Dos Santos, R. y Negro, S. (coordinadores), Relações Internacionais, Comércio e Desenvolvimento, Florianópolis: Fundação Boiteux, Universidad de Santa Catarina, pp. 167 – 202.

Naciones Unidas (1999). Ley Modelo de la CNUDMI sobre Comercio Electrónico Guía para su incorporación al derecho interno 1996, con el nuevo artículo 5 aprobado en 1998. Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional, Nueva York.

Tuthill, L. (2016). E‐commerce and the WTO. MIKTA Workshop on Electronic Commerce. Julio. Ginebra.

______ (2007). Convención de las Naciones Unidas sobre la Utilización de las Comunicaciones Electrónicas en los Contratos Internacionales. Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional, Nueva York.

UNCTAD (2016). Study on the harmonization of cyberlegislation in Latin America. Science and Technology and Information and Communication Technology Branch y TrainforTrade Programme of the Division of Technology and Logistics, Nueva York y Ginebra.

[1] Una discusión más precisa de la definición se encuentra en “El comercio digital y los factores de su desarrollo” en esta misma edición de Conexión INTAL.

[2] Datos de Internet World Stats al 30 de junio de 2016. Disponible en: http://www.internetworldstats.com/

[3] Colombia en 1999 y República Dominicana en 2002 (sin incluir disposiciones sobre certificación y firmas electrónicas); El Salvador en 2015  (donde la legislación se inspira en la Ley Modelo y en los principios en que se basa), Guatemala en 2008 donde la legislación incluye también disposiciones sustantivas de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Utilización de las Comunicaciones Electrónicas en los Contratos Internacionales; Honduras en 2015, México en 2000, Panamá en 2001,  Paraguay en 2010 y Venezuela en 2001. Fuente: CNUDMI, Situación actual en http://www.uncitral.org/uncitral/es/uncitral_texts/electronic_commerce/1996Model_status.html

[4] Fuente: CNUDMI, Situación actual en http://www.uncitral.org/uncitral/es/uncitral_texts/electronic_commerce/2005Convention_status.html

[5] Véase “El trabajo de la OMC en materia de comercio electrónico” para más detalle sobre el marco regulatorio y los planes de trabajo de la OMC sobre comercio electrónico, en este mismo número de Conexión INTAL.

[6] Véase Giordano (coord.), 2014.

[7] Cabe notar que en los capítulos sobre inversiones, servicios y servicios financieros hay también normas que pueden afectan estos flujos mientras que las compras gubernamentales están excluidas de las reglas sobre comercio electrónico de este acuerdo.

[8] Vigente solo para Costa Rica y Panamá.

Fuente: BID +